
-¿Ya tienes mi sorpresa?
-Y bueno... pero si no sales ya, se va a malograr. ¿ya estas saliendo?
-¡Ay Dios! ¿como que se va a malograr? ¿y ahora?
-Nada, que a que hora sales caramba
-Mmmm...es que todavía tengo que enviar un par de "mails", una media hora más o menos
-!¿media hora?¡...¿y no pueden ser diez minutos?
-Pucha poni, no se, veinte de repente
-Es que estoy con esto acá y bueno, que ya quiero verte
-¡Ay Dios! esperame amor, por favor. No se ¿no quieres ver tiendas?
-No pues poni, como voy a estar dando vueltas con ... esto. Bueno ya, en 20 minutos estoy en la puerta. ¿me llamas?
-Ya ya, te llamo. Beso
-Bezono
Quince minutos antes, registraba con cierta angustia las estanterías de cierto emblemático supermercado en busca de cierto improvisado regalo. La noche anterior, como viene sucediendo con demasiada frecuencia, tuvimos que cancelar- destino aciago -nuestra cita espontánea de la semana. Tuvimos. Nosotros. Ella y yo.
"Que fíjate, que el primo de mi viejo, uno que era médico y que tenía la misma edad y todo, y que de joven lo ayudó un montón, pues que se acaba de morir; bueno no se acaba de morir precisamente pero que me acaba de avisar mi mami que el pobre ha fallecido porque fíjate que tremenda joya que era, y que algo tenia mal porque se ha muerto y no precisamente de muerte natural. "
Como es lógico y harto comprensible, perdí la paciencia, las ganas y toda señal de esperanza pues otra postergación dentro de nuestro despintado itinerario socio-romántico representaba más que una tragedia, una afrenta. Y aunque todavía cabía la posibilidad del encuentro dentro de lo que se podría considerar un cambio de planes, un velorio no sería jamas y de ninguna manera la opción mas tentadora. No que no. Las huevas. ¡Nein!. ¿Entonces?. Desastre total. I say hello and you say goodbye.
Y es así como, luego de un día aun más triste que el mencionado acto velatorio, llegué hasta los encerados pasillos de aquel supermercado, guiado por el insano instinto de la reconciliación, ese que te obliga a perpetrar cual fanático suicida, las más curiosas hazañas, si no las menos sensatas. Fuí víctima de la espontaneidad. Me llamas por la tarde, yo emocionado, ofrezco ir a verte; quedamos a la salida de nuestros respectivos trabajos, como era de esperarse me dices que aún no puedes salir cuando te llamo, no importa amor me doy una vuelta mientras vamos pensando a donde podemos ir, !ay que lindo amor¡ yo te llamo en un ratito porque ahorita termino ¿ya?, ok ¿me llamas?, te llamo. Eso fue todo, era cuestión de esperar, darse una vuelta, comprarse un Sublime (yo no fumo, gracias), y bueno, por acá cerca hay un supermercado y a lo mejor me compro algo más, o que se yo ¿y si te compro algo tambien?.
sigue...